En mi blog Calma, quietud y tribulación, me permití añadir unas entradas de tintes políticos, clamores colectivos que yo hice míos para convocar una solidaridad que fue y ha sido evidente, grata, motivante.
Pensé que una vez ganáramos las elecciones presidenciales de 2010 con Antanas Mockus, lo que daba por descontado en mi infinita ingenuidad de creer que en Colombia hay más pueblo soberano que élite dominante, volvería a la imaginación literaria, a la crónica y quizás a una que otra obra de satisfacción, haciéndole seguimiento a un cambio en la sociedad que vería desde mi exilio voluntario en Buenos Aires.
Son las 2:33 de la madrugada en Buenos Aires y las 12:33 a.m. en Colombia. Acaba de culminar un día nefasto para la democracia, para la autodeterminación del pueblo colombiano, para la esperanza de un grupo creciente de personas que cree en una sociedad más justa, con unas élites más dirigentes, un pueblo menos oprimido y una estructura social más equitativa e incluyente. Pero no, no fue así. Ahora, yo, péndulo entre la rabia y la tristeza, arrastrando desconcierto y desolación.
En cualquier caso, a pesar de los fraudes evidentes ya denunciados por la Misión de Observadores Electorales que descubren la compra de votos desde las uestes oficialistas, esas mismas que representan en la política a ese grupúsculo que acapara la riqueza y el poder, siento que la mayor responsabilidad de esta derrota recae en el pueblo, en la sociedad, en ese grupo amplio de personas de la base que se someten y someten a toda una Nación por acción u omisión. Es incomprensible que alrededor de un 51% de votantes no hayan ejercido su legítimo derecho al voto. Yo mismo no lo hice pero porque median 5 países entre mi mesa de votación y yo, sin una tutela que me hubiese abierto la posibilidad de votar. Y fui activo, políticamente activo. La apatía es un cáncer que se traga la estructura de una sociedad justa. La democracia se ha convertido en una herramienta más de la clase dominante que además legitima todas sus acciones mientras los cómplices pasivos de su accionar se quedan en sus casas durmiendo, viendo fútbol, burlándose de “la gente que vota” o qué se yo.
Ahora percibo mi exilio como una necesidad, como una plataforma de acción política que debo explotar con un impacto desconocido pero cierto. Este nuevo blog no busca convocar sólo opinión, sino también acción. El bosque se ve más claro desde afuera y las guerras no se planean sobre el terreno sino sobre los mapas. Mi apuesta en este blog es sentar una posición política estructurada, formada con quienes quieran intervenir para ponerle seriedad al cambio, que me den su aporte desde mi país y desde otros puntos del planeta. Los resultados en los que confiábamos iban a ser más esperanzadores, pero no fue así. Ahora se tiñe de nuevo un panorama de gris plomizo, con una nueva mafia en un renovado poder.
Acá, prescindiré del estilo. Acá trataré de ser más claro y directo. La literatura se quedará en Calma, quietud y tribulación para permitirle a este espacio una interacción más clara en función política, en buscar alternativas de acción, de generar una revolución de ideas que se pueda materializar en una revolución real que nos permita recuperar al país de las garras de las élites que no lo quieren soltar.
Sí, este es un espacio subversivo y revolucionario, abierto a las ideas de cambio con un fin específico. Construir una estrategia de acción que nos permita recuperar el país de las mafias, los mafiosos, los pícaros y sus picardías. No se considera la violencia como una alternativa pero sí la radicalidad de las ideas y su ejecución.
Acá no son bienvenidas las FARC ni sus acciones. Acá no es bienvenido Chávez y su injerencia indebida sumada a su megalomanía demencial. Acá no es bienvenido quien acepte la muerte de otro colombiano como algo legítimo para alcanzar el poder. Acá espero ansioso a este grupo de compatriotas descubierto por todo el mundo y en mi propio país, dispuestos a lograr un cambio hacia la ciudadanía y la convivencia pacífica. Pero espero ideas innovadoras, agresivas, creativas para lograr recuperar lo que es nuestro. La justicia social y la equidad no sólo son derechos. Es obligatorio procurarlas. El compromiso, así fuere solitario entre mí y mis escritos, será el de recuperar la democracia para el pueblo. Esta es una ventanita subversiva porque va en contra de un régimen corrupto, pero a la vez constructiva porque le quiere devolver ese régimen más que a la legalidad, a la ética, porque es claro que muchas leyes son sólo herramientas del poder para afianzarse a sí mismo.
Esta es una entrada improvisada de tres de la madrugada que sirve de apertura a una lucha perenne, persistente, consistente, denodada y que no tiene fecha de vencimiento. Terminará cuando las élites corruptas dejen de utilizar las herramientas de la democracia para su propio beneficio, cuando el Estado represente los intereses de la sociedad y cuando el ciudadano cobre más valor social que el mafioso. Ese día, habremos cumplido. Entonces bienvenidos y bienvenidas. El camino será largo y tortuoso, pero los resultados seguramente irán marcando una ruta de satisfacción inmensa. Gracias por estar ahí… así este mensaje se quede para mí sólo. Todo bien. Acá está quien quiera estar y se puede ir quien disponga que es lo correcto. La libertad está en hacer. Y este es mi pequeño aporte.
Calma, quietud y tribulación, es una ventana a la que saco del anaquel lleno de telarañas lo que escribo para compatirlo con quienes se atrevan a leerlo. Es un espacio no invasivo que espera silencioso a que las personas se acerquen a dar un vistazo desprevenido.
La fuerza interna del cosmos en una pluma
Como la naturaleza, el alma bacilante...
domingo, 30 de mayo de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Algunas veces...

Algunas veces, cuando creo desfallecer y el paisaje se me torna sombrío a pesar de los faros encendidos, trato de imaginar versos en mi mente que logren destilar un trocito de poesía. Quizás, porque de niño leí la poesía de Miguel Hernández y algunas melancolías de Benedetti, se me quedó clavada la sensación de que la poesía y la tristeza son dos hermanas siamesas unidas por el corazón, que a pesar de la adversidad, se mantienen vivas en su relación simbiótica, y sin quererlo, me dan vida a mí.
Imagino las palabras y las rimas y me doy cuenta de que no siempre las palabras que riman son las que queremos expresar. Entonces, prefiero divagar y prescindir de la rima, dejar que simplemente mis dedos bailen en el teclado haciendo piruetas incoherentes que le den sosiego a mi espíritu brioso. Dejo venir en cascada la añoranza, el anhelo, la nostalgia y todas esas imágenes que exacerban mis entrañas para recordarme que ser humano es la primera condición para que el sufrimiento se ensañe con uno.
Elaboro mi vida una y mil veces en mi mente, dejo fluir las culpas y los remordimientos como una bola que rebota contra las paredes internas de mi piel, asegurándome la atención de todos mis nervios sensibles. El corazón se cubre la cabeza ante tanto garrotazo y la mente mira para otro lado sin querer protegerlo. El alma baila embriagada mientras los recuerdos disparan en revolución sus arengas reclamando ese espacio que tantas veces les cohíbo para no sentirme así, desolado.
Entonces, me encuentro sólo, con este papel desafiante que me pregunta si por fin podré hacer rimar amor con dolor. Le respondo que esa rima ya me tiene aburrido, porque usualmente las alterno con otra rima disonante. Me pregunta por más rimas y versos y sólo le digo que para mí la poesía es prosa que me acosa en fuego efervescente de palabras que no me salen porque no terminan igual. Qué hago si no me riman el desespero, la distancia, la añoranza, el amor furtivo, el amor perdido, el error, la equivocación, el daño, el dolor, la soledad… nada de eso me rima con bohemia y vino.
El papel se burla y yo lo ignoro. El pasado huye y yo lo añoro. Dejo que la brisa fría del otoño juegue con mi pelo en el balcón de un quinto piso porteño. Entono con voz suavecita esa canción de Silvio Rodríguez: “imagínate, que desde muy niño, te llevaba flores, te daba mi abrigo, imagínate, que soy el amigo, de tu mismo grado, que lleva tus libros…” y recuerdo ese pantalón corto de la primaria, ese ariecito fresco de la mañana en Bogotá esperando el bus en la otra acera de la de esa niña a la que nunca le hablé.
Me es imposible evitar un suspiro profundo, profundísimo, mirar al cielo despejado pero sin las estrellas ya opacadas por las luces de Buenos Aires y exhalar al cosmos mi vaho humedecido por la escarcha de los años. Me siento tan trascendente para la sublimidad de mis cuitas y tan insignificante para las calles de esta ciudad porteña. Mis cuitas no pueden vivir sin mí. Pero estas calles… estas calles ni siquiera notan mi presencia en la ausencia o la multitud. Allí, soy un alma en pena vestida de ocre.
Cuando me doy un respiro sereno me ataca la melodía de Pablo Milanés: “Sábado al fin, terminé de estudiar te propongo un hermoso plan, que no dejes sin repasar, las canciones, el baile, comer algo en la calle y después por supuesto amar”… tarareo otra parte que no me sé, y continúo “Sacrifiqué la canción del final, con la idea de conseguir, que ella al salir disfrutara un lugar y una pizza para seguir”. Y sigo tarareando el resto que no me sé y descubro que de las canciones sólo guardo su melancolía.
Algunas veces, cuando creo desfallecer, cuando la piel se me pone al revés y hasta la brisa me duele, algunas veces, cuando no procuro parar el mal del sufrimiento y lo dejo atacar sin piedad ni consideración, algunas veces, cuando salgo al balcón para recordar que la amargura me ha sorprendido a las tres de la madrugada congestionado por las lágrimas, los mocos y el sudor, recuerdo que está este maldito papel en blanco que me reta y se burla. Pero siempre, al final, deja que lágrimas, mocos y sudor, reposen en su regazo… para siempre.
FIN.
lunes, 24 de mayo de 2010
Por qué no voto por Juan Manuel Santos
Aunque parezca producto de la mente de un JJ Rendón verde, que no lo soy, y que no tengo el poder para serlo como párvulo refugiado en un blogcito de difusión gratuita y restringida, si voy a decir abiertamente por qué no me gusta la figura de Juan Manuel Santos para que sea presidente de Colombia. Trataré de hacerlo de una forma objetiva y desapasionada, aunque sé que no lo voy a lograr porque es que de verdad el tipo me cae mal. Evitaré apelativos como “Chuky”, “Grinch”, “Santo Positivo” o cualquiera que ataque la desagradable apariencia física de este ser… do.
Voy a empezar por el final: A mi no me gusta la gente que se alegra con la muerte de otro ser humano. No voy a negar que sentí alivio cuando dieron de baja a Raúl Reyes. Porque ese era otro que se alegraba con la muerte. Y aplaudí al Gobierno por el operativo, porque sé que consultándole a Correa todavía andaríamos detrás de él para pedirle el favor de que por lo menos le sacara la lengua en territorio ecuatoriano. Y él no lo hubiese hecho. Me molesta es toda la política generada alrededor de los estímulos para dar caramelos por muertos y el desprecio tan grande por la vida que este estúpido experimento suscitó.
Los grandes demócratas de la historia, han visto a la muerte del enemigo como un mal necesario en la procura de fines superiores de la sociedad. Pero un mal. Y el grueso de los muertos en nuestra guerra no son como Raúl Reyes. Son unos muchachitos sacados de sus casas a la fuerza cuando no han dejado de ser niños, bajo presión y en contra de su voluntad que les dan un fusil a las malas y les ordenan matar so pena de su propia muerte o la de sus familias. Creo que el merito real de un demócrata está en sacar a estos jóvenes de la guerra vivos, no muertos. No mostrando cómo aparecen sus botas ensangrentadas saliendo de unas bolsas negras horribles mientras todos los que están vivos se abrazan jubilosos como si esto fuera una cacería de bestias. No, ese país no me gusta, y el estratega que lo pinta así, tampoco.
No comparto el ideal guerrillero, o mejor, su falta de ideales. Mucho menos comparto su forma de proceder y de torturar a todo un país secuestrando, matando, extorsionando, y todas las porquerías que hacen. Son despreciables como se les mire. Pero la brutalidad no se puede atacar con brutalidad. La brutalidad se ataca con inteligencia, y a todas luces, Santos no es un tipo inteligente. Es instruido, educado y tiene más cartones que la casa de Lupe, una desplazada que vive en “el paraíso” arriba de lucero alto. Pero no es inteligente. Un tipo inteligente daría incentivos por pacificar, no por matar.
Matar es fácil, más si se tiene un fusil para hacerlo. Pacificar requiere de más sesos. Qué tal si a un comandante de división se le dan estímulos por reducir los combates en su zona, por cartas de gratitud de la comunidad que protege, por actividades que le procuren cariño y no miedo. Qué tal si se incentivara al Coronel que sea capaz de disuadir a un grupo de muchachos guerrilleros para que se desmovilicen y sean productivos en el bando de la legalidad. Qué tal si los muertos fueran la última opción y no la primera. Sencillo, habría menos muertos y más vivos. Pero si a un general le dan caramelos, medallas, vacaciones, viajes y prestigio a cambio de muertos, muertos se tienen. Porque si uno corrompe la cabeza de ahí para abajo todo se corrompe. El General premia al Coronel, el Coronel al Capitán, el Capitán al Sargento, el Sargento al Cabo, el Cabo al soldado y ya… muertos elevados a la potencia “n” tenemos.
¿Y si no podemos matar guerrilleros? Fácil, nos inventamos guerrilleros. Cogemos al hijo de la señora Lupe que es medio tránsfuga, le ofrecemos un puesto en Ocaña, lo emborrachamos y lo matamos. Vamos a donde mi General, él nos da un fin de semana de permiso y una platica y mi General queda bien con mi Ministro de Defensa ¿Y doña Lupe? Doña Lupe no importa, para eso tiene hartos hijos y le damos platica de “Familias en Acción” por seguir preñándose irresponsablemente ¿Y el Ministro que diseñó todo esto? El Ministro ahora es candidato presidencial con grandes posibilidades de ganar y no le ha dado nunca la cara a doña Lupe así doña Lupe lo busque para que le de una explicación. Aparte de que no le da la cara, le manda a decir con su señora esposa, que si no vota por él, le quita el subsidio de Familias en Acción.
Y doña Lupe sólo piensa: “me tocará votar por el Santos porque o si no me quedo sin el “suicidio” de Familias en Acción”. Y ya, Santos tiene hasta el voto de doña Lupe a pesar de que él diseñó la estrategia que terminó con la vida de su hijito tránsfuga, el que más quería, porque o si no, no podría mantener a sus otros 5 hijos que le dan platica con los “suicidios” de Familias en Acción. Esto si es ganar por punta y punta, pero no me vengan con que es inteligencia. Esto es astucia, hasta “picardía” es.
En cualquier país maduro esto tendría una responsabilidad política que debería asumir un personaje político. El endiosamiento de Uribe lo inhibe a él de asumir cualquier responsabilidad. Así sea evidente su responsabilidad directa, como con las interceptaciones ilegales del DAS. Pero uno por lo menos esperaría, como ciudadano, que el Ministro de la cara. No sólo no dio la cara sino que quemó a más de 10 generales y un sinnúmero de oficiales sin el debido proceso, algunos de ellos sin responsabilidad alguna y se los tiró a los leones de la opinión pública y la justicia como cualquier emperador romano en problemas. Y aún hay quien piensa que las Fuerzas Militares “lo adoran”. No, no es cierto. El resentimiento que genera Santos en los soldados honestos de la Patria detrás de bambalinas le haría casi que ingobernable el país. Un mito más desvirtuado. Esto sin contar a todos los generales de la policía que quemó injustamente para poder subir a Naranjo, escudado en otra evasiva de su responsabilidad cuando se empezaban a destapar las “chuzadas”.
Otra cosa que no me gusta de Juan Manuel Santos es su “camaleonismo político”. A simple vista se nota que no es un tipo de estructura y principios. Es un político ávido de poder. Ha servido a dios y al diablo con tal de no perder vigencia.
Made in USA, privilegiado de los pocos que podían estudiar fuera en los 60´s, no regresó de Harvard a Colombia. Mejor se fue para Londres a representar a los cafeteros colombianos cuando en la vida había visto un palo de café. Quizás acá esté aflorando mi resentimiento social de lumpen. Entonces no diré más al respecto.
En todo caso llegó a Colombia a principios de los 80’s para hacer una carrera periodística corta en la que admiró profundamente a Antanas Mockus, para luego meterse de cabeza en la política desde la que despreció y ha despreciado a Antanas Mockus por no ser un político tradicional y que más bien le parecía un payaso simpático.
Fue Ministro de Gaviria, de un Ministerio sospechosamente creado para él. Fue el primer Ministro de Comercio Exterior. La apertura económica de Gaviria dejó a mi tío que fabricaba camisas en Pereira en la absoluta quiebra y sin ningún respaldo del Estado. Quizás acá también esté brincando mi resentido de lumpen. Después, Santos pasó al partido liberal de codirector, esperando para dar el zarpazo durante el Gobierno de Samper. Ante la ingobernabilidad de éste, que se vendió a los narcos para ser Presidente, dicen, no me consta, que le quería hacer el cajón al bojote junto con unos militares y otros paramilitares para tumbarlo. Qué lindo. El mismo Samper lo dice y las mentiras entre mentirosos resultan creíbles.
Como no pudo dar el zarpazo por la resistencia del serpazo, prefirió ser precandidato. Pero como tenía más fuerza un Topolino modelo 70 sin reparar, prefirió desistir para seguir viendo a qué árbol se arrimaba. Ganó Pastrana la presidencia en el 98 y lambió y lambió y lambió y lagartió y lagartió y lagartió hasta que por presión política Pastrana lo nombró Ministro de Hacienda en el 2000. De él sólo recuerdo el impuesto del 2 por mil en las transacciones bancarias que ahora es 4 por mil para superar una crisis de los bancos. Ahora, que los bancos están bien, yo no veo que me devuelvan esa platica por las utilidades monstruosas que presentan. Y el impuesto sigue.
Después, Uribe… y me da pereza contar qué pasó. Además todos lo vimos en vivo y en directo. La carrera política de Santos se resume así: Con Gaviria se volvió gavirista, con Samper se volvió oportunista, con Pastrana se volvió pastranista y con Uribe se volvió uribista. Ahora sólo es Santos y como no es nada de lo anterior, sólo es un político vacío de contenido y lleno de soberbia acumulada en estos 20 años.
Juan Manuel Santos es el típico camaleón político que se para encima de la cabeza de sus amigos y enemigos para obtener el poder. Es producto de unos medios que él controla o que controla su papi o su primis o su tío. Es el típico representante de una élite recalcitrante que nos ha tenido del cuello durante los últimos 200 años. Es el típico representante del maquiavelismo que avala que el fin justifica los medios. Y el fin es su poder al que ama con absoluta pasión, pero por el poder mismo, por nadie más. Por el gusto de sentirse poderoso. Y el poder lo siente dirigiendo tropas al combate, que le lleven en canastos la cabeza de sus enemigos y jugando al Mariscal mientras gana guerras que se inventa.
No me gusta Santos porque es la representación de la continuidad, lo que asume con cinismo. Del Úberrimo a El Tiempo todas son granjas y todos somos peones. Son capataces que nos dicen cuáles son los principios que debemos respetar así ellos mismos se los pasen por la faja cada vez que se les da la gana. Son patrones, pero no son líderes. Son mandoncitos, pero no saben mandar. Son arrogantes y les gusta sentirse así. Me refiero a Santos y a su estirpe de guerreros fabricados en Harvard, Oxford e intermedias.
Y por último, lo que no me gusta de Santos son los santistas. Pero no los que votan coaccionados porque les van a quitar el “suicidio” de “familias en acción”, esos me dan pesar. Me refiero a los santistas de pura sepa.
Vi un letrero en el Facebook de una compañera de la universidad que encaja dentro del perfil santista o como yo me imagino el estereotipo así: “ESTAMOS ELIGIENDO PRESIDENTE COMO SI FUERA LA MUCHACHA DEL SERVICIO: no sabe hablar, no sabe cocinar, no sabe lavar, no sabe planchar, pero es honrada!!!” con el consabido “ja,ja,ja,ja” subsecuente.
Me imagino a las señora de Urrea, de Urrutia, de Heinz, de Pombo, de Santamaría, de Ladrón de Guevara, de Santos y todos aquellas “de” que evitan mezclarse con el genoma chibchoide, muertas de la risa de esta “ocurrencia, ala”, mientras la pobre Lupe escuchaba lavando platos en la cocina, rezando para que no le fueran a quitar el “suicidio” de Familias en Acción. El juego de bridge en la que a la más “pila” de todas se le ocurrió eso, debió ser inolvidable.
Y así son la mayoría de santistas o por lo menos sus argumentos. Flojitos, agresivos, clasistas, peyorativos, pero sin fondo o consistencia. Que hay que acabar a esa “plaga”, pero uno no sabe si se refieren a la guerrilla o a los pobres. Que Mockus es como Chávez porque, porque, porque… no sé por qué… nunca lo explican. Que porque Mockus admira a Chávez. Prefiero a alguien que sepa tramar y amansar al mandril ese, que alguien que lo rete a pelear como varones o que le de en la cara marica. Que Santos representa la continuidad de Uribe, pero va uno a ver y los uribistas con ideales claros están o con Vargas Lleras o con Mockus. Los seguidores de Santos son esas elites genuinas o de levantados o “clase emergente” que llaman, que para entrar al club les piden el carnet del Partido de la U. Y a mi eso tampoco me gusta.
Si, lo confieso, no pude ser objetivo y mucho menos imparcial. Me cae mal Santos y lo que representa. Asumo los insultos, improperios, amenazas y hasta que me den en la cara maricas por pensar como pienso. Pero no me lo puedo guardar y menos aguantar. Menos ahora que el diario de mayor difusión en el país, El Tiempo, le está haciendo campaña en contra de cualquier criterio periodístico o informativo. Como yo no soy periodista, pienso y estoy en mi blog, gratuito y restringido, lo digo con claridad. No voto por Santos por nada, ni por los 40 mil que me dan si me agarro a escribir en la red ni porque venga hasta acá a ofrecerme Familias en Acción. No, gracias pero no. Comprendo a doña Lupe y que le toque hacerlo, pero sé que somos más los que no “tenemos” que hacerlo, entonces, YO, no voto por Santos. Me mamé de las picardías, los pícaros y los picarones y tengo resentimiento de lumpen. No y no. No voto por Santos.
Voy a empezar por el final: A mi no me gusta la gente que se alegra con la muerte de otro ser humano. No voy a negar que sentí alivio cuando dieron de baja a Raúl Reyes. Porque ese era otro que se alegraba con la muerte. Y aplaudí al Gobierno por el operativo, porque sé que consultándole a Correa todavía andaríamos detrás de él para pedirle el favor de que por lo menos le sacara la lengua en territorio ecuatoriano. Y él no lo hubiese hecho. Me molesta es toda la política generada alrededor de los estímulos para dar caramelos por muertos y el desprecio tan grande por la vida que este estúpido experimento suscitó.
Los grandes demócratas de la historia, han visto a la muerte del enemigo como un mal necesario en la procura de fines superiores de la sociedad. Pero un mal. Y el grueso de los muertos en nuestra guerra no son como Raúl Reyes. Son unos muchachitos sacados de sus casas a la fuerza cuando no han dejado de ser niños, bajo presión y en contra de su voluntad que les dan un fusil a las malas y les ordenan matar so pena de su propia muerte o la de sus familias. Creo que el merito real de un demócrata está en sacar a estos jóvenes de la guerra vivos, no muertos. No mostrando cómo aparecen sus botas ensangrentadas saliendo de unas bolsas negras horribles mientras todos los que están vivos se abrazan jubilosos como si esto fuera una cacería de bestias. No, ese país no me gusta, y el estratega que lo pinta así, tampoco.
No comparto el ideal guerrillero, o mejor, su falta de ideales. Mucho menos comparto su forma de proceder y de torturar a todo un país secuestrando, matando, extorsionando, y todas las porquerías que hacen. Son despreciables como se les mire. Pero la brutalidad no se puede atacar con brutalidad. La brutalidad se ataca con inteligencia, y a todas luces, Santos no es un tipo inteligente. Es instruido, educado y tiene más cartones que la casa de Lupe, una desplazada que vive en “el paraíso” arriba de lucero alto. Pero no es inteligente. Un tipo inteligente daría incentivos por pacificar, no por matar.
Matar es fácil, más si se tiene un fusil para hacerlo. Pacificar requiere de más sesos. Qué tal si a un comandante de división se le dan estímulos por reducir los combates en su zona, por cartas de gratitud de la comunidad que protege, por actividades que le procuren cariño y no miedo. Qué tal si se incentivara al Coronel que sea capaz de disuadir a un grupo de muchachos guerrilleros para que se desmovilicen y sean productivos en el bando de la legalidad. Qué tal si los muertos fueran la última opción y no la primera. Sencillo, habría menos muertos y más vivos. Pero si a un general le dan caramelos, medallas, vacaciones, viajes y prestigio a cambio de muertos, muertos se tienen. Porque si uno corrompe la cabeza de ahí para abajo todo se corrompe. El General premia al Coronel, el Coronel al Capitán, el Capitán al Sargento, el Sargento al Cabo, el Cabo al soldado y ya… muertos elevados a la potencia “n” tenemos.
¿Y si no podemos matar guerrilleros? Fácil, nos inventamos guerrilleros. Cogemos al hijo de la señora Lupe que es medio tránsfuga, le ofrecemos un puesto en Ocaña, lo emborrachamos y lo matamos. Vamos a donde mi General, él nos da un fin de semana de permiso y una platica y mi General queda bien con mi Ministro de Defensa ¿Y doña Lupe? Doña Lupe no importa, para eso tiene hartos hijos y le damos platica de “Familias en Acción” por seguir preñándose irresponsablemente ¿Y el Ministro que diseñó todo esto? El Ministro ahora es candidato presidencial con grandes posibilidades de ganar y no le ha dado nunca la cara a doña Lupe así doña Lupe lo busque para que le de una explicación. Aparte de que no le da la cara, le manda a decir con su señora esposa, que si no vota por él, le quita el subsidio de Familias en Acción.
Y doña Lupe sólo piensa: “me tocará votar por el Santos porque o si no me quedo sin el “suicidio” de Familias en Acción”. Y ya, Santos tiene hasta el voto de doña Lupe a pesar de que él diseñó la estrategia que terminó con la vida de su hijito tránsfuga, el que más quería, porque o si no, no podría mantener a sus otros 5 hijos que le dan platica con los “suicidios” de Familias en Acción. Esto si es ganar por punta y punta, pero no me vengan con que es inteligencia. Esto es astucia, hasta “picardía” es.
En cualquier país maduro esto tendría una responsabilidad política que debería asumir un personaje político. El endiosamiento de Uribe lo inhibe a él de asumir cualquier responsabilidad. Así sea evidente su responsabilidad directa, como con las interceptaciones ilegales del DAS. Pero uno por lo menos esperaría, como ciudadano, que el Ministro de la cara. No sólo no dio la cara sino que quemó a más de 10 generales y un sinnúmero de oficiales sin el debido proceso, algunos de ellos sin responsabilidad alguna y se los tiró a los leones de la opinión pública y la justicia como cualquier emperador romano en problemas. Y aún hay quien piensa que las Fuerzas Militares “lo adoran”. No, no es cierto. El resentimiento que genera Santos en los soldados honestos de la Patria detrás de bambalinas le haría casi que ingobernable el país. Un mito más desvirtuado. Esto sin contar a todos los generales de la policía que quemó injustamente para poder subir a Naranjo, escudado en otra evasiva de su responsabilidad cuando se empezaban a destapar las “chuzadas”.
Otra cosa que no me gusta de Juan Manuel Santos es su “camaleonismo político”. A simple vista se nota que no es un tipo de estructura y principios. Es un político ávido de poder. Ha servido a dios y al diablo con tal de no perder vigencia.
Made in USA, privilegiado de los pocos que podían estudiar fuera en los 60´s, no regresó de Harvard a Colombia. Mejor se fue para Londres a representar a los cafeteros colombianos cuando en la vida había visto un palo de café. Quizás acá esté aflorando mi resentimiento social de lumpen. Entonces no diré más al respecto.
En todo caso llegó a Colombia a principios de los 80’s para hacer una carrera periodística corta en la que admiró profundamente a Antanas Mockus, para luego meterse de cabeza en la política desde la que despreció y ha despreciado a Antanas Mockus por no ser un político tradicional y que más bien le parecía un payaso simpático.
Fue Ministro de Gaviria, de un Ministerio sospechosamente creado para él. Fue el primer Ministro de Comercio Exterior. La apertura económica de Gaviria dejó a mi tío que fabricaba camisas en Pereira en la absoluta quiebra y sin ningún respaldo del Estado. Quizás acá también esté brincando mi resentido de lumpen. Después, Santos pasó al partido liberal de codirector, esperando para dar el zarpazo durante el Gobierno de Samper. Ante la ingobernabilidad de éste, que se vendió a los narcos para ser Presidente, dicen, no me consta, que le quería hacer el cajón al bojote junto con unos militares y otros paramilitares para tumbarlo. Qué lindo. El mismo Samper lo dice y las mentiras entre mentirosos resultan creíbles.
Como no pudo dar el zarpazo por la resistencia del serpazo, prefirió ser precandidato. Pero como tenía más fuerza un Topolino modelo 70 sin reparar, prefirió desistir para seguir viendo a qué árbol se arrimaba. Ganó Pastrana la presidencia en el 98 y lambió y lambió y lambió y lagartió y lagartió y lagartió hasta que por presión política Pastrana lo nombró Ministro de Hacienda en el 2000. De él sólo recuerdo el impuesto del 2 por mil en las transacciones bancarias que ahora es 4 por mil para superar una crisis de los bancos. Ahora, que los bancos están bien, yo no veo que me devuelvan esa platica por las utilidades monstruosas que presentan. Y el impuesto sigue.
Después, Uribe… y me da pereza contar qué pasó. Además todos lo vimos en vivo y en directo. La carrera política de Santos se resume así: Con Gaviria se volvió gavirista, con Samper se volvió oportunista, con Pastrana se volvió pastranista y con Uribe se volvió uribista. Ahora sólo es Santos y como no es nada de lo anterior, sólo es un político vacío de contenido y lleno de soberbia acumulada en estos 20 años.
Juan Manuel Santos es el típico camaleón político que se para encima de la cabeza de sus amigos y enemigos para obtener el poder. Es producto de unos medios que él controla o que controla su papi o su primis o su tío. Es el típico representante de una élite recalcitrante que nos ha tenido del cuello durante los últimos 200 años. Es el típico representante del maquiavelismo que avala que el fin justifica los medios. Y el fin es su poder al que ama con absoluta pasión, pero por el poder mismo, por nadie más. Por el gusto de sentirse poderoso. Y el poder lo siente dirigiendo tropas al combate, que le lleven en canastos la cabeza de sus enemigos y jugando al Mariscal mientras gana guerras que se inventa.
No me gusta Santos porque es la representación de la continuidad, lo que asume con cinismo. Del Úberrimo a El Tiempo todas son granjas y todos somos peones. Son capataces que nos dicen cuáles son los principios que debemos respetar así ellos mismos se los pasen por la faja cada vez que se les da la gana. Son patrones, pero no son líderes. Son mandoncitos, pero no saben mandar. Son arrogantes y les gusta sentirse así. Me refiero a Santos y a su estirpe de guerreros fabricados en Harvard, Oxford e intermedias.
Y por último, lo que no me gusta de Santos son los santistas. Pero no los que votan coaccionados porque les van a quitar el “suicidio” de “familias en acción”, esos me dan pesar. Me refiero a los santistas de pura sepa.
Vi un letrero en el Facebook de una compañera de la universidad que encaja dentro del perfil santista o como yo me imagino el estereotipo así: “ESTAMOS ELIGIENDO PRESIDENTE COMO SI FUERA LA MUCHACHA DEL SERVICIO: no sabe hablar, no sabe cocinar, no sabe lavar, no sabe planchar, pero es honrada!!!” con el consabido “ja,ja,ja,ja” subsecuente.
Me imagino a las señora de Urrea, de Urrutia, de Heinz, de Pombo, de Santamaría, de Ladrón de Guevara, de Santos y todos aquellas “de” que evitan mezclarse con el genoma chibchoide, muertas de la risa de esta “ocurrencia, ala”, mientras la pobre Lupe escuchaba lavando platos en la cocina, rezando para que no le fueran a quitar el “suicidio” de Familias en Acción. El juego de bridge en la que a la más “pila” de todas se le ocurrió eso, debió ser inolvidable.
Y así son la mayoría de santistas o por lo menos sus argumentos. Flojitos, agresivos, clasistas, peyorativos, pero sin fondo o consistencia. Que hay que acabar a esa “plaga”, pero uno no sabe si se refieren a la guerrilla o a los pobres. Que Mockus es como Chávez porque, porque, porque… no sé por qué… nunca lo explican. Que porque Mockus admira a Chávez. Prefiero a alguien que sepa tramar y amansar al mandril ese, que alguien que lo rete a pelear como varones o que le de en la cara marica. Que Santos representa la continuidad de Uribe, pero va uno a ver y los uribistas con ideales claros están o con Vargas Lleras o con Mockus. Los seguidores de Santos son esas elites genuinas o de levantados o “clase emergente” que llaman, que para entrar al club les piden el carnet del Partido de la U. Y a mi eso tampoco me gusta.
Si, lo confieso, no pude ser objetivo y mucho menos imparcial. Me cae mal Santos y lo que representa. Asumo los insultos, improperios, amenazas y hasta que me den en la cara maricas por pensar como pienso. Pero no me lo puedo guardar y menos aguantar. Menos ahora que el diario de mayor difusión en el país, El Tiempo, le está haciendo campaña en contra de cualquier criterio periodístico o informativo. Como yo no soy periodista, pienso y estoy en mi blog, gratuito y restringido, lo digo con claridad. No voto por Santos por nada, ni por los 40 mil que me dan si me agarro a escribir en la red ni porque venga hasta acá a ofrecerme Familias en Acción. No, gracias pero no. Comprendo a doña Lupe y que le toque hacerlo, pero sé que somos más los que no “tenemos” que hacerlo, entonces, YO, no voto por Santos. Me mamé de las picardías, los pícaros y los picarones y tengo resentimiento de lumpen. No y no. No voto por Santos.
lunes, 10 de mayo de 2010
No le pegues a tu hijo

Esto pasó en agosto de 1998. Y esta catarsis sólo la puedo procesar hoy, casi 12 años después. Quizás sea un drama menor. Pero en mi alma se ha enquistado como una tragedia mayor. Un padre primerizo actuando como una madre primeriza.
Inexperiencia total. Múltiples ocasiones de poner un pañal mal puesto, lo que se hacía evidente en la carita de un bebé incómodo, un hedor fatal y una masa acuosa y marrón escurriéndole por la pantorrilla. Decidí enseñarle a “controlar los esfínteres” a mi hijo que apenas sobrepasaba los dos años ¿Y cómo se enseña eso? No lo sé… nunca aprendí a enseñarlo.
Pacientemente le expliqué que si tenía “pipí o popó” me debería avisar diciendo sólo esas palabras mágicas. De esa manera, yo lo llevaría presuroso a la bacinilla que habría llegado al baño después de algún “baby shower” y no necesitaríamos más pañales. Ahorraríamos en dinero y él ya iría aprendiendo a ser un “individuo”. Él sólo repetía divertido las palabras “pipí y popó” y sonreía, pero sólo era porque le parecía gracioso, no porque hubiese aprendido la lección. Seguía en su juego y su mundo con el carrito, el muñeco o cualquier cosa que hubiese por ahí. Un niño disfruta con la misma avidez un robot de última generación, el más costoso, que un pedazo de trapo. Usualmente siempre disfrutan más el pedazo de trapo. Hacen de él todo lo que quieren que sea: Una capa, una cobija, un avioncito, un mantel, un gusano… mientras que el robot nunca deja de ser un aburrido robot. Lo dejé jugando y me fui a lavar algunos platos. Mientras escuchaba el agua correr, desde la habitación Nicolás me gritaba “¡Popóoooooooooooooooooo!” corrí para comprobar la genialidad de mi hijo. Todos creemos que nuestros hijos son geniales, o por lo menos, más inteligentes que nosotros. Cuando llegué para verlo, efectivamente, popó. Se escurría entre el pañal y su entrepierna. Lo tomé con el asco del caso y lo limpié. Lo dejé en pelota un rato y le expliqué pacientemente que las palabras “pipí o popó” las debería pronunciar antes y no después del reguero. Me miraba atento. Cuando yo decía pipí o popó, él se reía.
Seguí haciendo algunas cosas domésticas y él se quedó dormido en nuestra cama, la que compartía con mi esposa que ya no es mi esposa desde hace nueve años. Oí que se despertó porque siempre hacía un sonido gutural particular. Como si se rascara la garganta por dentro. Lo dejé que se desperezara y gritó ahora “pipíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii” corrí a su lado, como estaba enpelotica, pensé que había mojado la cama. Tragedia. No, misteriosamente no se había hecho pipí. Corrí con él a la bacinilla y lo puse en frente. Orinó la pared, el piso y luego dejó caer una mínima parte en la bacinilla. Lo abracé, lo levanté y sentí una gloria inmarcesible y un júbilo inmortal. Mi hijo era un genio que había asimilado las instrucciones a la perfección. No más pañales y quizás estaba descubriendo un futuro icono de la cultura latinoamericana que aprendió a controlar sus esfínteres con poco más de dos años.
Ya creía que las instrucciones estaban bien asimiladas y que el pañal sobraba.
Mi esposa (ex esposa hoy), llegó a eso de las siete de la noche del trabajo. Con orgullo le conté lo que había logrado en nuestro futuro Bolívar, San Martín, García Márquez o que se yo, tanto genio latino. Ella sonrío, se sirvió alguna cosa maluca que yo había preparado tratando de mezclar arroz con huevo y alguna verdura para no ser tan básico en la cocina que sólo probó. Me preguntó si yo había pagado el recibo de alguna cosa que se me olvidó y discutimos. Siempre se me olvidó todo. Mi memoria es como la memoria de las calculadoras viejas. Si la reseteaste, cagaste, nunca más te vuelve la operación. Y yo vivía reseteado. Como diría el gran filósofo de la cultura grecochibcha, Andrés López, los hombres sólo podemos hacer una cosa a la vez. Y si yo cambiaba pañales, no pagaba recibos.
Ella sabía que entonces le correspondería ahora ir a un Cade y hacer una fila infernal para enmendar mi tonto error. De la discusión pasamos a la pelea. Nicolás jugaba y paró para mirar la gritería. Ella lo notó, bajó la voz, lo alzó, le dio un beso y todo volvió a la normalidad. Relativa. Pero con el rabillo del ojo me disparaba con esa desaprobación femenina con la que uno prefiere de verdad mejor un pellizco en las pelotas. Mejor ese dolor intenso sin atenuantes pero sin ese girito socarrón de cabeza, mirada china tipo Kill Bill y posición de boca que dice sin decir: Eres taaaaaan inútil.
Yo quedé herido en mi ego de macho no sólo por ser la dama de la relación, sino porque además lo estaba haciendo mal. Sentí devaluado mi gran logro del día de haber conseguido que un bebé controlara los esfínteres cuando sabía que muchos habían desfallecido en el intento. Ella se fue a donde los vecinos para distensionar el ambiente y para conversar algunas cosas con ellos. Apenas salió, Nicolás sentado en el suelo dijo “Pipí”. Corrí con él a la bacinilla, le bajé los pantaloncitos y otra vez, mojó todo menos la bacinilla pero igual, lo había hecho de nuevo. No había sido una casualidad, era un hecho, había logrado que Nicolás en menos de un día controlara sus esfínteres como todo un individuo. Y ella no estaba para verlo. Me frustré. Pensé que quizás si lo hubiese visto mi merito podría haber hecho menos tonta mi omisión del recibo. Pero no, no estaba ya.
Acosté a Nicolás y se quedó profundo. Lo contemplé y admiré su precoz capacidad. Me extrañé porque nunca le fomenté la estimulación temprana. Sólo lo dejaba ser. La estimulación temprana que tiene a los fetos escuchando a Mozart sin saber siquiera si les gusta. Cuando es el parto ya nacen a lo Phelps, en el agua, salen nadando con gorrito y gafas y batiendo el record mundial. Yo siempre me negué a someter a mi hijo a ese suplicio de tener que ganar todo sin saber para qué se gana. Es la era de los bebés triunfadores que ya no dicen “gugú, tata” sino “down jones y wall street”. Por eso, por su crianza campirana, admiré su valioso avance al controlar los esfínteres sin que Mozart hubiese intervenido en el proceso.
Me recosté y me quedé dormido al rato de Nicolás a eso de las nueve de la noche. A las once me desperté y me di cuenta de que mi esposa (ex hoy) no estaba a mi lado. Di una vuelta por la casa y tampoco estaba. Me exasperé. Me senté y vi una caja de cigarrillos. Yo no fumaba (ni fumo) pero decidí prender un cigarrillo mientras tarareaba “fumando espero, al hombre que yo quiero…” y me reí con esa risa lacónica que ama y odia. Yo era la dama de la relación y me imaginaba buscando el molinillo en la cocina para hacer el reclamo cuando llegara él, es decir, ella, en fin. Entró a la casa sin hacer ruido y sólo me delataba el cigarro encendido. Me dijo “¿Qué haces despierto?”. Respiré profundo, profundísimo y respondí “esperándote”. Algo me dijo, no recuerdo qué y siguió a la habitación. Yo seguí fumando intrigado por qué ella no me había preguntado qué hacía yo fumando si yo no fumaba. No me lo preguntó nunca. Entré a la habitación y ella ya estaba bajo las cobijas, empijamada y durmiendo. Quise despertarla para… para… para… no sé para qué… para nada, porque nada había ya qué decir.
Nicolás durmió casi toda la noche, a las 5 de la mañana se despertó y yo le di el tetero. Se lo tomó y durmió otro ratico. Mi esposa (ex hoy) se levantó a las 6, se baño a mil, se tomó un jugo, besó a Nicolás y lo consintió un rato y me dio un pico en la boca de afán… y se fue. Quedé maluco. No sé, quería decirle algo que no le dije, no sé si bueno o malo. En la salida recogió el recibo de la mesa, giró su cabeza como diciendo “no” y se fue. Yo quedé sentado, rayado, viendo a Nicolás entre dormido y despierto con el chupo entre los dientes. Ese día tenía que llevarlo al jardín nuevo que le habíamos conseguido para que yo pudiera ir sin tanto contratiempo a la Universidad. Le preparé el desayuno, lo bañé y se hizo pipí en la ducha. Siempre lo hacía y no pasaba nada… le parecía divertido como el agua de él se mezclaba con el agua de la ducha. Lo vestí, y convencido de que no era necesario, no le puse el pañal. Saqué unos calzoncillitos de otro “baby shower” y se los puse. Encima, la mejor pinta. Pantalón nuevo, zapatos lindos, camisita de grande. Todo un dandy.
Fui a hacer el desayuno mío y gritó: “Popóooooooooooo”. Corrí para llevarlo a la bacinilla. La prueba del popó aún faltaba. El popó asomaba por la pantorrilla. Súbitamente, yo, me convertí en la persona que más he odiado en mi vida. Lo miré y lo levanté con asco e ira y le di la vuelta ¡Pam! Una palmada en la cola que sólo aplastó más lo que ya era una desgracia. No lloró, sólo me miró sorprendido ¡Pam! Otra palmada más dura. Abrió sus ojitos y sólo sollozó. ¡Pam! Más duro, cerró sus ojitos y dos lágrimitas escurrieron. Aún no dejaba escapar el llanto. Lo tiré en la cama y le quité el pantalón de un solo jalón. La camisa, los zapaticos, todo sin misericordia y con una agresividad corrosiva. Él me miraba sin comprender qué estaba pasando. Lo llevé a la ducha para bañarlo. Por equivocación abrí el agua fría y no la caliente. Pero mi perversidad sin límites convirtió una equivocación en una tortura miserable. Lo dejé bajo el chorro de agua fría y él instintivamente trató de correr. Lo impedí y me cercioré de que el chorro le diera en la cola para que lo limpiara, pero en un acto que ni Lucifer hubiera disfrutado. Él empezó a llorar profusamente y el llanto era interrumpido por el suspiro entrecortado que provoca el agua fría, más si es en tierra fría. Estamos hablando de las parcelas de Cota, plena sábana de Bogotá a 2600 metros de altura de trópico a las siete de la mañana. El frío es simplemente recalcitrante. Lloraba más duro y ¡Pam! Otra palmada acompañada de un regaño: “¡Eso es para que aprenda que el popó se hace en la bacinilla!” mientras mis dientes de arriba chasqueaban contra los dientes de abajo y me hacía tan belfo y monstruoso que sólo mi cara le daba más terror que mis palmadas.
Otra ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam!... no sé cuántas palmadas le dí, hasta que una voz, casi divina, casi celestial, me gritó con ofuscación: “Felipe, ya, ya, ya no más salvaje, lo quiere matar o qué imbécil”. Era mi hermana, que por alguna razón, que sólo Dios hoy sabe y yo agradezco, entró en mi casa a pedirme algo que nunca supe qué era. La miré y le dije: “¿Usted quién es para cuestionar lo que yo hago con mi hijo, acaso yo le digo qué hacer con sus hijos?”. Pensé que la iba a disuadir. Vi que se creció 20 centímetros, se robusteció como un luchador y me reviró: “No es sólo es su hijo, es un bebé y antes de que usted le de otra palmada yo me hago matar”, mientras cerraba la llave del agua fría, la única que estaba abierta. Tomó a Nicolás que aún sollozaba con esos sollozos profundos que uno siente que rompen el alma y lo envolvió en una toalla. Se lo llevó a la cama, lo metió en una cobija y lo abrazó. Yo los miraba y sentía como si mi alma estuviese volviendo al cuerpo. Mi alma que me había abandonado mientras el diablo que me invadió golpeaba a lo que yo más amaba.
Me senté en el suelo y me tomé la boca, luego la cabeza y enredé mis dedos en el pelo. Empecé a llorar sin poderme contener y gritaba como un loco: “perdón, perdón, perdón, hijo, perdón…”. Mi hermana me dijo: “Quédese acá ahora vuelvo”, y salió con Nicolás y con la ropa que le iba a poner. Me quedé allí, en el suelo, miré el techo, llamé a Dios y le pregunté qué me había pasado.
Mi hermana volvió como a la hora. Cargaba a Nicolás que se había dormido. Me lo dejó en los brazos, me miró, me hizo un gesto de desaprobación, y se fue. Yo lo llevé a la cuna y lo dejé ahí, tendidito. Me quedé contemplándolo y vi cómo tenía un bultico en la cola. Mi hermana le había puesto un pañal. No era capaz de tocarlo ni para acariciarlo. Al rato se despertó y me miró. Su mirada no era la misma. Seguía extrañado, sorprendido, decepcionado. Traté de alzarlo pero no me estiró los brazos como siempre. Sólo se dejó levantar sin quitarme la mirada de los ojos como si quisiera comprobar si era yo o el diablo que me había poseído. Lo abracé y él seguía con sus bracitos inertes, inexpresivos, yertos. Lo dejé en el tapete y le busqué los juguetes. Él tomaba todo con temor con desconfianza, con extrañeza, como si nada fuera lo mismo.
Traté de hablarle. Mientras estaba sentado en el suelo me senté a su lado y le pedí perdón. No sabía si entendía mis palabras, pero hablé pausado, calmado y traté de explicarle lo inexplicable. Él me seguía mirando aterrado pero ya no aterrorizado. Cuando terminé de hablarle él se quedó mirando un carrito y trató de simular que jugaba. Le di el tetero y me lo recibió en la mano, como nunca lo hacía, siempre esperaba que yo se lo pusiera en la boquita. Se lo tomó lento y me seguía mirando.
Yo, me recosté a ver la televisión y me quedé dormido en la cama. Él, estaba en el tapete, en el suelo, jugando con un carrito que casi no movía. Profundo, soñé con él, con su sonrisa, con la cara divertida que ponía cuando le decía “pipí y popó”, en su carita emocionada cuando lo levanté la primera vez que hizo pipí en la bacinilla. Soñé con él todo el tiempo. Desperté y sentí una presión en mi pecho, en mi brazo izquierdo. Pensé que era el remordimiento, la culpa. Pero no. Gracias a Dios no era eso. Era él, Nicolás, que se me había recostado en el pecho mientras yo dormía y se había quedado dormido encima. Lo miré impávido. Lo acomodé mejor en la cuna de mi hombro. Lo abracé con el otro brazo. Y sin hacer ruido, lloré… lloré… lloré y lloré… no sé cuánto tiempo lloré mientras le sobaba la cabecita y le daba gracias a Dios y a mi hermana por haberme detenido. Abrió sus ojitos y sequé los míos. Sonrió y le sonreí. Entendí que en su infinita ternura me había perdonado aunque siguiera sin comprender por qué hice lo que hice.
Se bajó de la cama y me miró con miedo de nuevo. Su pañal estaba inflado. Con calma le cambié el pañal, con tanta suavidad que no sintiera que mi infamia se pudiese repetir. Le cambié el pañal esa vez y todas las demás que fue necesario. Nunca más le parecieron divertidas las palabras “pipí o popó”. Nunca más las volvió a decir y con el tiempo él mismo fue sólo hasta la bacinilla a hacer pipí o popó.
No recuerdo la edad exacta en la que mi hijo aprendió a controlar los esfínteres, pero si recuerdo con claridad el instante en el que cometí la peor cagada de mi vida.
martes, 27 de abril de 2010
Carta abierta a los mafiosos y las mafiosas en el preludio de las elecciones presidenciales de 2010.
Buenos Aires, abril 27 de 2010.
Repudiados y repudiadas señores y señoras mafiosos y mafiosas, clase politiquera, secuestradores de la democracia colombiana durante los últimos 200 años.
Colombia.
E. S. C. (En su conciencia).
Señores mafiosos y señoras mafiosas,
Con todo comedimiento, pero con decisión y sin ánimo de desafiarlos (porque acabaría muerto) quiero exigirles que por primera vez en nuestra historia no priven a Colombia de lograr un cambio sustancial en su forma de ejercer la política.
No les voy a pedir ilusamente que dejen de comprar votos, de intimidar campesinos y de hacer acuerdos polítiqueros para lograr sus objetivos. No, eso sería como pedirles que dejen de ser ustedes y eso no lo van a hacer. Les voy a pedir que no vayan a ser tan radicales como Pablo Escobar y Santofimio en 1989 como para matar a Antanas. Les voy a pedir que no sean tan torcidos como Samper en 1994 como para financiarse en un porcentaje descarado de sus compañeros de lucha como los narcotraficantes, los terratenientes o los paramilitares para comprar conciencias y torcer autoridades electorales. Que cuando nuestro triunfo sea inminente no vayan a robarse las elecciones como Misael Pastrana en 1970.
Les pido que omitan esos extremos y se limiten a sus prácticas tradicionales. El tamal y la cerveza en las barriadas, el billete de 50 mil el día de las elecciones y hasta que hagan que voten los muertos que ustedes mismos han matado si desean. Incluso, si quieren, nadie podrá evitar que tuerzan a más de un jurado electoral, que se roben las mesas de la provincia y finjan problemas de orden público para alterar los resultados. Todo eso sé que va a pasar, pero no nos va a detener.
No pretendo que dejen de jugar sucio cuando sé que no conocen otra forma de jugar. Cuando eso les ha representado tener el poder por años y períodos tan largos. Cuando han elegido un presidente que ha dado todo un banco nacional a los narcotraficantes para que legalicen su sucio dinero y es enterrado como el más ilustre y noble de los ciudadanos u otro que puede financiarse su campaña con dineros de la mafia y luego, como si nada, es un ilustre garante de los derechos de los secuestrados. Entiendo que no tienen otra forma de jugar cuando con esa siempre han ganado mientras los colombianos “de bien”, que no servimos para nada, sólo renegamos y aguantamos.
Ahora creemos en este tipo Mockus, que no es un mesías pero que es buena gente. Que no cree que le vaya a pasar nada de acá al 30 de mayo. Que cree que puede hacer de nosotros, colombianos acostumbrados a bajarle la cabeza a su rifle, a su Toyota o a sus guardaespaldas, ciudadanos dignos, deliberantes y combativos con los argumentos, y que además cree que esos argumentos pueden derrotar a sus rifles, a sus toyotas y a sus guardaespaldas. Es un iluso, si, como yo, pero por favor, por ser iluso, no lo vayan a matar. Dennos la oportunidad de demostrarles que no somos tan idiotas como ustedes siempre nos han creído. Dennos la oportunidad de creer y hacer para que ustedes mismos se den cuenta de que es más sabroso vivir respetando al otro que pasándole por encima y que el poder no está en sus tierras de la que han despojado a los campesinos ni en el “tote” que nos sacan en la calle sino en el respeto que puedan inspirar por ser realmente respetables.
Mockus saldrá electo con el voto de opinión de las grandes ciudades, de los muchachos pensantes que orgullosos van a salir a votar por primera vez cuando hasta hace muy poco nada les importaba y no distinguían entre apatía y política. Mockus va a ganar con el voto del que siempre pensó que era mejor hacer la fila y respetar el carril que tener una Toyota de traqueto para echársela encima al del automóvil comprado con trabajo. Mockus saldrá electo a pesar de que ustedes hagan lo que hacen siempre fingiendo que somos un país democrático cuando esto siempre ha sido una mafiocracia dominada por ustedes y controlada por sus títeres.
Si señores, Mockus va a ganar porque no representa el voto del odio o el miedo. Pastrana ganó por el odio que inspiró Samper y su proceso 8.000 en su lacayo Serpa. Uribe ganó por el odio a las Farc que se exacerbó por la idiotez de Pastrana. Y volvió a ganar porque su tarea de odio no estaba terminada. Y cada uno gana por el miedo a dejar de ser lo que somos. Porque el trabajador de la tierra tiene miedo de que el terrateniente lo eche o lo mate. Porque el de la empresa teme perder el salario mínimo si no hace lo que el dueño insinúa. Porque cada cual está cómodo en su estiércol al que ya se ha acostumbrado. Por esa simbiosis asquerosa entre el poder corrupto y el estado que se hacen favores y se retribuyen ayudas entre trago y trago de Old Parr y palmaditas majaderas mientras se reparten tierras y subsidios por votos. Mockus es el voto de los que nos cansamos de sentir miedo y odio. De los que nos cansamos de odiarlos y temerlos.
Por eso, señores mafiosos y señoras mafiosas, sólo les pido que no maten a Mockus y que no se roben las elecciones que legítimamente vamos a ganar. Del resto nos encargamos nosotros sin que ustedes dejen de hacer lo que hacen. Nosotros nos encargamos de conversar con el pobre que ustedes van a comprar y ese día no se va a querer dejar comprar, nosotros vamos a hablar con el campesino que ustedes llevan con fusil a las urnas y ese día se va a querer esconder de ustedes, nosotros vamos a ir a votar masivamente por este señor Mockus y por su amigo Fajardo a pesar de que ustedes estén regados por todo el país impidiéndolo. Hagan lo suyo, nosotros haremos lo nuestro.
Nos harían un gran favor si le chuzan el celular a Mockus y dejan filtrar una conversación con Fajardo a los medios de comunicación, para que nos sorprendamos todos de que no hablen de cómo van a repartir ministerios, direcciones, notarías y demás, y pagar favores políticos como ustedes nos tienen acostumbrados, para escuchar en esa conversación cómo le van a llegar a la gente con libros, cuadernos, esferitos, puentes y toda una estrategia pedagógica para construir ciudadanía. Les pido encarecidamente que le chucen el celular a Mockus que yo no me canso de escucharlo. Por favor, todo el DAS detrás de Mockus. Creo que más de uno se educaría por teléfono. Que lindo sería que Mockus educara a los del DAS sin querer queriendo.
Entonces, les solicito que hagan lo que quieran pero que no nos maten la ilusión y no porque Mockus sea un mesías. Sólo porque es un ser humano y la vida es sagrada. Sólo porque es un medio para alcanzar un fin noble. Sólo porque lo queremos vivo en la Casa de Nariño y no rindiéndole honores con dolor en el Cementerio Central para que por colmo de males, lo entierren al lado de López y Turbay. Sólo porque es un buen ciudadano que quiere construir ciudadanía para que ustedes nos respeten, para que ustedes no nos intimiden ni nos sobornen ni nos maten.
Repito que este no es un reto con ánimo camorrero para que sean “varones”, tampoco les voy a dar en la jeta maricas. Esta es una solicitud respetuosa para que nos den la posibilidad de demostrarles que están equivocados, completamente equivocados y que al retomar el rumbo de la ciudadanía ganan ustedes, ganamos nosotros, ganan sus hijos y los nuestros y gana Colombia que se revuelca y se revuelca en lustros y lustros de infamia venerando gobiernos por ustedes puestos y por nosotros criticados. Esto no es la arrogancia de los “legales y morales” que somos nosotros contra los “ilegales e inmorales” que son ustedes. No, ese no es el asunto. El asunto es que yo ya me mamé de que ustedes me maten, me intimiden, me sobornen, me echen la Toyota encima, me saquen el “tote” y yo me cague del susto. Me mamé de ustedes y no los voy a desafiar. Pero si les digo algo, no nos vamos a dejar más, vamos a ir a las urnas y los vamos a derrotar, y nunca, pero nunca más, les voy a agachar la cabeza para que ustedes me humillen como traquetos porque yo me comporto como ciudadano. Nunca más. Porque aunque estoy lejos, Colombia es mi país y quiero volver y sentirme tranquilo, rodeado por ciudadanos y no por fieras armadas que ven resultados en muertos y no en niños felices.
Cordial, pero firmemente,
Andrés Felipe Giraldo L.
Repudiados y repudiadas señores y señoras mafiosos y mafiosas, clase politiquera, secuestradores de la democracia colombiana durante los últimos 200 años.
Colombia.
E. S. C. (En su conciencia).
Señores mafiosos y señoras mafiosas,
Con todo comedimiento, pero con decisión y sin ánimo de desafiarlos (porque acabaría muerto) quiero exigirles que por primera vez en nuestra historia no priven a Colombia de lograr un cambio sustancial en su forma de ejercer la política.
No les voy a pedir ilusamente que dejen de comprar votos, de intimidar campesinos y de hacer acuerdos polítiqueros para lograr sus objetivos. No, eso sería como pedirles que dejen de ser ustedes y eso no lo van a hacer. Les voy a pedir que no vayan a ser tan radicales como Pablo Escobar y Santofimio en 1989 como para matar a Antanas. Les voy a pedir que no sean tan torcidos como Samper en 1994 como para financiarse en un porcentaje descarado de sus compañeros de lucha como los narcotraficantes, los terratenientes o los paramilitares para comprar conciencias y torcer autoridades electorales. Que cuando nuestro triunfo sea inminente no vayan a robarse las elecciones como Misael Pastrana en 1970.
Les pido que omitan esos extremos y se limiten a sus prácticas tradicionales. El tamal y la cerveza en las barriadas, el billete de 50 mil el día de las elecciones y hasta que hagan que voten los muertos que ustedes mismos han matado si desean. Incluso, si quieren, nadie podrá evitar que tuerzan a más de un jurado electoral, que se roben las mesas de la provincia y finjan problemas de orden público para alterar los resultados. Todo eso sé que va a pasar, pero no nos va a detener.
No pretendo que dejen de jugar sucio cuando sé que no conocen otra forma de jugar. Cuando eso les ha representado tener el poder por años y períodos tan largos. Cuando han elegido un presidente que ha dado todo un banco nacional a los narcotraficantes para que legalicen su sucio dinero y es enterrado como el más ilustre y noble de los ciudadanos u otro que puede financiarse su campaña con dineros de la mafia y luego, como si nada, es un ilustre garante de los derechos de los secuestrados. Entiendo que no tienen otra forma de jugar cuando con esa siempre han ganado mientras los colombianos “de bien”, que no servimos para nada, sólo renegamos y aguantamos.
Ahora creemos en este tipo Mockus, que no es un mesías pero que es buena gente. Que no cree que le vaya a pasar nada de acá al 30 de mayo. Que cree que puede hacer de nosotros, colombianos acostumbrados a bajarle la cabeza a su rifle, a su Toyota o a sus guardaespaldas, ciudadanos dignos, deliberantes y combativos con los argumentos, y que además cree que esos argumentos pueden derrotar a sus rifles, a sus toyotas y a sus guardaespaldas. Es un iluso, si, como yo, pero por favor, por ser iluso, no lo vayan a matar. Dennos la oportunidad de demostrarles que no somos tan idiotas como ustedes siempre nos han creído. Dennos la oportunidad de creer y hacer para que ustedes mismos se den cuenta de que es más sabroso vivir respetando al otro que pasándole por encima y que el poder no está en sus tierras de la que han despojado a los campesinos ni en el “tote” que nos sacan en la calle sino en el respeto que puedan inspirar por ser realmente respetables.
Mockus saldrá electo con el voto de opinión de las grandes ciudades, de los muchachos pensantes que orgullosos van a salir a votar por primera vez cuando hasta hace muy poco nada les importaba y no distinguían entre apatía y política. Mockus va a ganar con el voto del que siempre pensó que era mejor hacer la fila y respetar el carril que tener una Toyota de traqueto para echársela encima al del automóvil comprado con trabajo. Mockus saldrá electo a pesar de que ustedes hagan lo que hacen siempre fingiendo que somos un país democrático cuando esto siempre ha sido una mafiocracia dominada por ustedes y controlada por sus títeres.
Si señores, Mockus va a ganar porque no representa el voto del odio o el miedo. Pastrana ganó por el odio que inspiró Samper y su proceso 8.000 en su lacayo Serpa. Uribe ganó por el odio a las Farc que se exacerbó por la idiotez de Pastrana. Y volvió a ganar porque su tarea de odio no estaba terminada. Y cada uno gana por el miedo a dejar de ser lo que somos. Porque el trabajador de la tierra tiene miedo de que el terrateniente lo eche o lo mate. Porque el de la empresa teme perder el salario mínimo si no hace lo que el dueño insinúa. Porque cada cual está cómodo en su estiércol al que ya se ha acostumbrado. Por esa simbiosis asquerosa entre el poder corrupto y el estado que se hacen favores y se retribuyen ayudas entre trago y trago de Old Parr y palmaditas majaderas mientras se reparten tierras y subsidios por votos. Mockus es el voto de los que nos cansamos de sentir miedo y odio. De los que nos cansamos de odiarlos y temerlos.
Por eso, señores mafiosos y señoras mafiosas, sólo les pido que no maten a Mockus y que no se roben las elecciones que legítimamente vamos a ganar. Del resto nos encargamos nosotros sin que ustedes dejen de hacer lo que hacen. Nosotros nos encargamos de conversar con el pobre que ustedes van a comprar y ese día no se va a querer dejar comprar, nosotros vamos a hablar con el campesino que ustedes llevan con fusil a las urnas y ese día se va a querer esconder de ustedes, nosotros vamos a ir a votar masivamente por este señor Mockus y por su amigo Fajardo a pesar de que ustedes estén regados por todo el país impidiéndolo. Hagan lo suyo, nosotros haremos lo nuestro.
Nos harían un gran favor si le chuzan el celular a Mockus y dejan filtrar una conversación con Fajardo a los medios de comunicación, para que nos sorprendamos todos de que no hablen de cómo van a repartir ministerios, direcciones, notarías y demás, y pagar favores políticos como ustedes nos tienen acostumbrados, para escuchar en esa conversación cómo le van a llegar a la gente con libros, cuadernos, esferitos, puentes y toda una estrategia pedagógica para construir ciudadanía. Les pido encarecidamente que le chucen el celular a Mockus que yo no me canso de escucharlo. Por favor, todo el DAS detrás de Mockus. Creo que más de uno se educaría por teléfono. Que lindo sería que Mockus educara a los del DAS sin querer queriendo.
Entonces, les solicito que hagan lo que quieran pero que no nos maten la ilusión y no porque Mockus sea un mesías. Sólo porque es un ser humano y la vida es sagrada. Sólo porque es un medio para alcanzar un fin noble. Sólo porque lo queremos vivo en la Casa de Nariño y no rindiéndole honores con dolor en el Cementerio Central para que por colmo de males, lo entierren al lado de López y Turbay. Sólo porque es un buen ciudadano que quiere construir ciudadanía para que ustedes nos respeten, para que ustedes no nos intimiden ni nos sobornen ni nos maten.
Repito que este no es un reto con ánimo camorrero para que sean “varones”, tampoco les voy a dar en la jeta maricas. Esta es una solicitud respetuosa para que nos den la posibilidad de demostrarles que están equivocados, completamente equivocados y que al retomar el rumbo de la ciudadanía ganan ustedes, ganamos nosotros, ganan sus hijos y los nuestros y gana Colombia que se revuelca y se revuelca en lustros y lustros de infamia venerando gobiernos por ustedes puestos y por nosotros criticados. Esto no es la arrogancia de los “legales y morales” que somos nosotros contra los “ilegales e inmorales” que son ustedes. No, ese no es el asunto. El asunto es que yo ya me mamé de que ustedes me maten, me intimiden, me sobornen, me echen la Toyota encima, me saquen el “tote” y yo me cague del susto. Me mamé de ustedes y no los voy a desafiar. Pero si les digo algo, no nos vamos a dejar más, vamos a ir a las urnas y los vamos a derrotar, y nunca, pero nunca más, les voy a agachar la cabeza para que ustedes me humillen como traquetos porque yo me comporto como ciudadano. Nunca más. Porque aunque estoy lejos, Colombia es mi país y quiero volver y sentirme tranquilo, rodeado por ciudadanos y no por fieras armadas que ven resultados en muertos y no en niños felices.
Cordial, pero firmemente,
Andrés Felipe Giraldo L.
jueves, 1 de abril de 2010
Oscuridad...
La oscuridad es majestuosa si sólo queremos vernos dentro. La luz es distracción. Apago la luz y una ráfaga de recuerdos me invade. Unos buenos, otros no tanto, otros duelen y otros se vuelven esperanza vana.
La introyección está permeada por el tic tac del reloj que me ratifica en varias noches de insomnio. Pero mato la angustia de las vueltas con la almohada con una nueva historia que jamás será y que hunde sus raíces en una que si fue. Esa niña atravesando el parque. Nunca le dije que su sonrisa me evocaba una mariposa al vuelo. En realidad, nunca le dije nada. Yo sólo la espiaba detrás de una cortina desde mi casa en su inocente juego con una muñeca que cada vez tenía el pelo más corto.
Yo fantaseaba con que ella era mi esposa, sin saber muy bien para qué servía una esposa en aquel tiempo, y que esa muñeca deshilachada era nuestra hija. Trataba de leer sus labios para continuar con el sermón que daba a su muñeca y me fundía en un abrazo de amor eterno rodeando su cintura.
Ella no supo mi nombre ni yo el de ella. Ella me vio varias veces cuando se me olvidaba que la estaba espiando y mis manos soltaban la cortina que me cubría. Sólo se sonrojaba, sonreía, y seguía sermoneando a su muñeca.
Creo que ese es el único amor puro que he sentido. El único real y genuino. El único desinteresado y desprevenido. Me recuerdo de 9 años, mirando a una niña de 7.
Desde entonces, desde el día en que una niña de 10, otra niña, al otro día o quizás sólo unas horas después de mi última espiada a la de 7, me retó a ponerme gomina en el pelo, el amor no fue más idílico. Ella, la de 10, era linda pero ya había besado a Rocky, el chacho del barrio de unos 13 años en 1983. Y no era cualquier beso, era un beso con lengua, el más asqueroso de todos. Ya estaba contaminada. El beso arrancaba la pureza. Eso me dijo una monja en mi colegio. Aunque ese día me le burlé, con los años supe que tenía razón. Me retó a ponerme gomina y a salir a la calle con bluyines, porque hasta ese día, sólo usaba pantalonetas y sudaderas. Me retó a cambio de nada… me retó a cambio de darme un beso en la mejilla si era capaz de hacerlo. Me daba más miedo el beso que oso el salir disfrazado. Pero acepté el reto, por una simple razón: Era un reto y yo era un niño.
Saqué unos bluyines que me habían dado la última navidad y le robé gomina a mi hermano mayor. Me la eché. Me sentí con un gargajo gigante en la cabeza que jamás se quitaría de ahí y mi pelo perdía su docilidad para volverse más tieso que mi pirulí cuando le pillé unas revistas porno a ese mismo hermano. Esas revistas cayeron una vez que me tiré en su cama y se escurrieron por entre las tablas debajo del colchón y cayeron al piso. Me agaché a ver qué se había caído y sólo vi cómo se abría la más grande de ellas en su página central. Era una Penth House y una vieja con unas tetas enormes asomaba medio doblada. La cerré apresurado y casi que con la reacción de un delincuente sorprendido. Cogí tres más que había ahí, las devolví a su lugar de origen sin mirar más. Sin embargo, esas tetas me persiguieron como una semana más, y cada vez que las recordaba, mi pirulí se ponía como mi pelo con gomina.
Me revisé en el espejo. Ese tipito de ahí no era yo. Mi pelo largo y liso ahora eran flecos mojados y puntudos. El bluyin quitaba toda naturalidad a mis piernas y me sentía como entre un par de tubos de cartón. Alcé una ceja y baje la otra y me sentí irresistible. Un ventarrón demoniaco se apoderó de mí. Me repasé de nuevo y no pude evitar señalar a ese tipín del espejo con mi dedo índice de la mano izquierda, la mía, para decirle que un nuevo ser habitaba mi cuerpo.
Caminé torpemente, con los tenis del colegio puestos, los únicos que me salían con el bluyin y cuidando de que mi mamá no me viera porque tenía prohibido ponerme esos tenis del colegio para salir a la calle: “Usted los empuerca y las notas del colegio me llegan a mí”, me decía.
La niña de 10 me estaba esperando en el parque. Yo sabía que ella me quería dar el beso entonces no era decepción para ella verme salir, pero sí le parecería chistosa mi pinta. Abrí la puerta de mi casa y me paré en la entrada. Firme, seguro. Caminé hacia el parque y mis amigos me miraban entre sorprendidos, divertidos y curiosos. Ellos jugaban fútbol y casualmente el balón fue a dar a mis pies. Acorde con mi nueva pinta y mi seguridad, quise hacer la bicicleta y devolverla magistralmente a la cancha. Los bluyines no me dejaron doblar las rodillas y fui a parar de jeta contra el pasto. Pero eso no me iba a amilanar. Sólo limpié mi boca de unas pajillas de pasto que se quedaron ahí y seguí caminando como si nada, mientras mis amigos se tapaban la boca y dejaban escapar una carcajada. Siguieron jugando y yo, seguí para donde la niña de 10.
Llegué hasta su lado y le di una vuelta para que me viera. Sólo sonrío y me dijo: “Bueno, cumpliste, ahora yo te cumplo”. Puse mi mejilla en gesto victorioso para salir de ese cuento y dejar simplemente la tarea cumplida de haber podido con el reto. Acercó sus labiecitos a mi mejilla y se quedó quieta unos segundos sin tocarme. Yo me impacienté y traté de buscar sus ojos con mis ojos para ver qué estaba pasando. Inevitablemente mi boca quedó frente a su boca. Me dio un beso. Pero no cualquier beso. Un beso con lengua, el más asqueroso de todos. No pude cerrar mis ojos y sentí como si ella me estuviera llenando de babas viscosas mi lengua y traté de apartarla suavemente para que no se notara tanto mi estupor. Sonrió. Yo agaché la cabeza y miré hacia el piso. Alcé la cara de nuevo para ubicar su cara y estaba dando una vuelta con su cabellito suelto que me golpeaba la coronilla. Era más alta que yo.
Cuando por fin su cabello me dio algo de visibilidad en un segundo plano, en el fondo, una cortina arremangada se dejaba deslizar en un apartamento de un tercer piso que tenía vista hacia el parque, hacia donde yo estaba. Con una puntica de esa cortina en la mano, la niña de 7 me miraba con la boca abierta que rápidamente tapó con su otra mano. Otra vez quitó la mano de su boca y con los ojos aún más abiertos que su boca alcancé a leer como con sus labios decía: “Ay, papayay, Turbay”. Vi cómo dejó caer su muñeca al piso, y sin más ni más soltó la cortina y salió corriendo hacia las profundidades de ese apartamento.
Sentí que la estaba traicionando, que había abandonado nuestro hogar imaginario, que había dejado sin padre a su muñeca y que jamás me iba a perdonar. Así fue. Nunca más la volví a ver. Nunca más salió al parque a jugar con su muñeca. Por lo menos no en donde yo la pudiese ver. Nunca más volví a usar gomina. Ella también me espiaba a mí y sólo lo supe ese día que la de 10 me metió su lengua en mi boca.
Al otro día vi a la de 10 con Rocky y sólo me sacó la lengua, pero no lindo, feo, para burlarse de mí. Rocky también se burló de mí. Unos meses después fui al edificio de la niña de 7 y le pregunté al portero si conocía una niña que vivía en el tercer piso. Me dijo que sí, pero que ya se habían mudado, que no sabía para dónde.
Ese día comprendí que había sacado a la calle a un tipo que no era yo y que ese tipo se había dado un beso con una vieja sólo por cumplir un reto. Ese día vi cómo el “Ay papayay Turbay” de la niña de 7 configuraba algo grave y definitivo. Yo no capté que traicioné los sueños de una niña que vivía para soñar, como yo, hasta ese día, que no fui más un soñador porque di un beso con lengua, el más asqueroso de todos.
El beso, como me dijo esa monja, me quitó la pureza y traicioné al sueño de la niña y su muñeca.
La oscuridad me trajo ese episodio acá, en esta cama doble que es gigante para mi soledad y estrecha para mi insomnio. Acá, en la oscuridad… comprendí por qué estoy sólo… y por qué no uso gomina.
Fin.
viernes, 12 de marzo de 2010
Por qué votaría por Mockus...

Cuando nací, en julio de 1974, el presidente electo era el liberal Alfonso López Michelsen. Poco supe de él. Sólo que se inventó una ventanilla siniestra para que los narcos lavaran la platica en el Banco de la República y que su primo hermano, Jaime Michelsen Uribe, desfalcó al grupo Grancolombiano en miles de millones de pesos dejando en la calle a muchos ahorradores.
Luego, cuando tuve alguito de uso de razón, en 1978, fue electo el también liberal Julio César Turbay Ayala. De él supe un poco más, pero no más alentador. Tenía una política que se conocía como el Estatuto de Seguridad que en el papel era para preservar la democracia y en la práctica era para matar a comunistas armados y desarmados. Además, el M-19 se le tomó una embajada llena de embajadores y se le fueron para Cuba muertos de la risa. Para la posteridad sólo lo recordaría como la inspiración de los mejores chistes idiotas de idiotas que hubiese podido escuchar. Ahora para contárselos a mi hijo le tengo que hacer una clase de historia de este pintoresco personaje.
Después, en 1982, con algo de criterio infantil, el mejor de todos, vi como un ser salido de la poesía recitaba discursos con un tono que fácilmente curaba el insomnio de cualquier esquizofrénico. Había derrotado a un pelado joven de greñas rebeldes, bigote novelero y carisma arrollador y al cuchito López que era viejito desde que yo era un bebé. Ese joven era Luis Carlos Galán Sarmiento, a quien le debo mi amor por los temas políticos y el odio por la política y su uso nacional, no por su ejemplo, sino porque esa política lo asesinó. A Belisario, con ese tono que le salía con su paquidermismo para actuar, el M–19 también, mandado por Pablo Escobar, se le tomó la Corte Suprema de Justicia y masacró el único poder público respetable en el país. Si de verdad el “M” hubiese querido hacerle un favor al país, se hubieran metido al circo del frente cruzando la Plaza de Bolívar. Con Belisario empezó el narcoterrorismo también. Antes de lo del Palacio, los narcos mataron a su Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y empezó la cacería de jueces, magistrados, periodistas y todo al que se les opusiera. Belisario no era un Presidente, era un poeta jugando a mandar y mandaba con poesía barata y resultados costosos a merced de quien de verdad pudiera mandar.
Un país subyugado al narcotráfico le tocó recibir a Virgilio Barco Vargas en 1986. El tipo no era malo, pero estaba enfermo. Cuando tenía lucidez sabía gobernar, cuando no, su secretario privado negociaba el país con los narcos. Ya no hablaba bien, el altzhaimer lo tenía consumido.
Después Cesar Gaviria, en 1990, asumió la presidencia por casualidad, por error, porque mataron al verdadero Presidente, Luis Carlos Galán Sarmiento. Gaviria no fue un Presidente, fue un negociante. Sabía que debía combatir el narcotráfico pero también que tenía que quedar bien con todo el mundo. Con las encuestas, con los gringos, con el Congreso, con la oposición… vendió el alma a dios y al diablo, jugó en todos los bandos, pasó por encima de la conciencia moral de sus políticas y mandó a Colombia de nuevo a la guerra narcoterrorista por apresar y dejar volar a un megaasesino como Pablo Escobar a quien después tuvo que matar.
Después llegó Samper en 1994. Él quería ser Presidente. No importaba cómo. Y fue presidente apoyado por el narcotráfico. Lo pillaron y no pudo gobernar pero se pudo salvar de la cárcel que merecía porque compró a sus investigadores, corruptos congresistas. Terminó su mandato, pero no gobernó.
En 1998 llegó Pastrana, aún más ingenuo y tonto que Belisario, con la misma “nobleza” bienintencionada que sólo le dio más poder a la guerrilla para que secuestraran al país entero.
En 2002, un hombre de hablar paisa enérgico devolvió la fe al país. Álvaro Uribe Vélez. De carrera política intachable. Desde concejal hasta presidente siempre un ejemplo de “varón”. Iba a acabar con la guerrilla, malditas cucarachas de agua puerca. En 4 años el país estaría depurado de esta lacra que el bobalicón de Pastrana dejó crecer como espuma. 4 años no fueron suficientes y se hizo reelegir en 2006. Volvió a arrasar. 4 añitos más y las cucarachas rogarían piedad ante el Baygón Uribe. Entre tanto, sus amigos los paras se iban a negociar con los Estados Unidos irrisorias penas a cambio de su silencio en Colombia y dejar gobernar al patrón. Los terratenientes legalizaron las tierras que usurparon a los campesinos y les dieron platica del Gobierno para poner a producir tierra abonada con sangre. Los ricos acapararon las riquezas y los pobres engrosaron los cinturones de miseria de las ciudades. Los ricos pudieron llegar más fácil a Anapoima y los pobres llegaron más fácil a ser más pobres. Sin embargo, hubiese ganado otra vez en 2010 para tener 4 años más para matar a esas malditas cucarachas de “la far” si la Corte Constitucional no salva la poquita dignidad nacional.
Ahora unos quieren seguir sus pasos, otros se bajaron de ese bus para coger su propio taxi y otros piensan que las cosas se pueden hacer de una forma distinta. Yo no apoyo lo que hizo Uribe porque acabar con guerrilleros no es acabar con la guerrilla, porque acabar con los pobres no es acabar con la pobreza, porque darle la plata a los ricos no es generar equidad, porque negociar con los paras no es acabar con el paramilitarismo, la terratenencia y el narcotráfico, porque ha mantenido su castillo sobre sólidos cimientos de corrupción, porque tuvo un DAS de bolsillo para hacer torcidos, porque quienes lo apoyan están en su mayoría en la cárcel por hampones, porque es un buen gobernante para los ricos dentro de un esquema rancio y corrupto, en el que las élites se mantienen como opresores de una base ignorante y torpe que se deja dominar. Eso para mí es Uribe y yo no quiero más de eso, porque él representa una cultura mafiosa que se vale de lo que sea para sostener el poder, así el poder socave las bases de una sociedad más justa. Me indigna que sus hijos se hayan enriquecido por las bondades de las influencias mientras no se puede tratar mejor a las víctimas de la violencia porque no hay platica y colapse el sistema de salud con la emergencia social porque no hay platica cuando sus hijos rebosan de rechonchos de lo millonarios que se hicieron en estos 8 años. Para mí este gobierno ha sido un asco y me ratifico, es un asco elitista, plutocrático y corrupto. Además sigue habiendo guerrilla, tanta, que ya son presidentes del país vecino. Entonces, en el fondo, no logró ni siquiera la única tarea que se le había confiado.
Ahora, yo si quiero algo distinto. Algo que rompa culturalmente con este ciclo de politiqueros que nos han venido gobernando. Turbay fue enterrado con los máximos honores. López fue enterrado con los máximos honores. En mi concepto, merecen escupitajos sobre sus tumbas, una bandera rota y tirarlos como injustamente lo hicieron con los falsos positivos, por ahí en cualquier potrero. Seré duro y no me importa porque no tengo el poder para que le importe a alguien, pero estas ratas lo único que hicieron fue arraigar una cultura mafiosa que hoy hace más valioso a un sicario rico que a un campesino pobre. Belisario y Pastrana fueron la pequeña patria boba en dos cuotas diferidas a 16 años que le permitieron a la guerrilla fortalecerse como los hampones que son. Samper es el ícono vivo del cinismo politiquero. Consultor de las causas morales cuando gobernó con total inmoralidad. Le haría un funeral con honores, si fuese necesario, si cumpliera la condición para ser beneficiario de un funeral.
Yo quiero algo distinto. Cuando en 1993 un tipo desconocido con nombre raro, rector de la Nacional, se bajó los pantalones para mostrarle el culo a unos estudiantes saboteadores pensé dos cosas: una, si fuera marica este man no me gustaría… que culo tan desagradable, y dos, este tipo es un berraco, se bajó los pantalones frente a unos manes que le pudieron haber insertado una bomba molotov por el recto. Creo que este tipo es valiente. En ese año era un adolescente de pensamientos básicos y vulgares que conservo hasta hoy un poco más retóricos. Pero si me quedó la sensación de que ese tipo iba a hacer algo importante. No creí que fuera a ser político porque el tipo no le cae bien a nadie. Habla aburridor, mueve las manos como si las palabras se le fueran a caer y es más enredado que un bulto de anzuelos. Además se peina como un meme y no tiene nada de carisma. A mi me cae bien porque creo que soy solidario con quienes solemos caer mal. Pensé que por ser inteligente la política no le iba a gustar. Pero no. Se lanzó a la alcaldía de Bogotá y por primera vez en la capital arrasó el voto de opinión. Puso mimos y gente disfrazada para que se respetara la cebra. A mi me caló porque hasta ese momento, pensé que la cebra sólo servía para que se notara mejor la sangre de los peatones atropellados. Habló de “cultura ciudadana” algo inhóspito para muchos y para muchos sólo logró que los carros no pisaran la bendita cebra.
El tipo siguió por ahí dando lora y volvió sin atenuantes a la alcaldía a seguir haciendo lo suyo. Sólo que ahora tenía puentes para mostrar, Transmilenio para moverse y muchas cositas más que dejó Peñaloza, un buen ejecutivo. Si por mí fuera, hubiese querido que Peñaloza y Mockus se hubieran sucedido en la alcaldía de Bogotá hasta que los dos se murieran. Bogotá progresó siglos que el Polo está logrando hacernos reversar de nuevo. Uno haciendo cosas y el otro enseñándolas a usar. Una chimba la verdad.
Mockus es un tipo honesto. Manejando ese monstruo de ciudad jamás se le hizo un escándalo de corrupción a él. Quizás a sus subalternos, porque es un tipo que confía aún en la gente. Grave error. Jamás actuó mal deliberadamente. Dejó tirada la alcaldía para ser presidente. Grave error. Tenía que terminar la tarea bien hecha y no lo hizo. Pero ya pidió perdón, y yo, ya lo perdoné.
El tipo sabe de cultura, habla de cultura, infunde cultura, pulula cultura y no en el sentido erudito y odioso del profesor Bustillo, la cultura de verdad, la que forma ciudadanos y ciudadanía, la que permite convivir en paz y no con las “Convivir”. Yo creo en eso y a eso le apuesto. Siempre dejamos esa tarea para mañana porque primero hay que acabar con los “narcoterroristas de la far” mientras los narcoterroristas de la far toman ron con Chávez pensando cómo es que van a invadir a este pueblo lleno de ignorantes porque la revolución bolivariana lo va a amoldar todo con su reencarnación venezolana de Bolívar. Yo quiero ciudadanos que sepan en su intelecto por qué Chávez está loco y no ciudadanos que lo reten a pelear para que “sea varón”. Varones por montones en los cementerios es lo que hay en este país. Yo quiero ciudadanos para que sean los ciudadanos concientes los que repudien a las Farc, y no un cúmulo de militares adoctrinados para dar positivos así sean falsos. Yo quiero ciudadanos para construir identidad nacional no por la carnita y los huesitos sino por el cuaderno y el esfero. Yo quiero ciudadanos que sean capaces de aborrecer la corrupción y tumbar a un presidente corrupto como Samper y no unos humildes lacayos de salario mínimo que por no perder su puestico respalden al que sea por un tamal y una cerveza.
Quiero ciudadanos y los quiero ahora, no mañana, no en cuatro u ocho años. Los quiero ya. Mockus encarna eso y a eso le apuesto. Un tipo que habla enredado pero entiende fácil que es la cultura la que hay que cambiar. La cultura del vivo, la cultura del mafioso, la cultura del corrupto… esa cultura hay que cambiarla. La guerrilla hay que desestimularla con ciudadanía y conciencia, no con plomocracia, para que se extingan sus causas históricas. Porque la revolución está en las mentes, no en los fusiles. Porque así matemos a todos los guerrilleros siempre habrá un terrorista que haga daño amparado en las injusticias del sistema y la opresión y dominación de una élite recalcitrante así ese terrorista sea un simple hampón. La seguridad democrática es inocua si no hay autoridad moral de quien la ejerce. Y Mockus algo si tiene. Autoridad moral, honestidad y unas ganas inmensas de cambiar una cultura que clama a gritos ser cambiada. No mañana, no en cuatro años, no en ocho años cuando acabemos con “la far”. Lo necesitamos YA, a partir de este instante para tener un punto de inicio e inflexión, para cambiar de raíz y no de hojas. Porque las hojas se van en otoño y vuelven en primavera pero el árbol torcido, torcido se queda. Es hora de cambiar la cultura y la oferta está hecha. Se llama Antanas Mockus Sivickas. Desde que mataron a Galán me prometí no apoyar a nadie. Con él mataron mis ganas de participar con ahínco en estas lides. Pero Mockus es un buen tipo, como lo era Galán. Galán era buen político. Mockus no, es malo, muy mal político, no sabe de eso, gracias a Dios. Porque como buenos políticos murieron Turbay, López, Barco y quizás lo hagan Belisario y Pastrana. Samper que se muera como quiera. Pero que nos haga el favor un día de estos. Buenos políticos pero pésimos ciudadanos. Yo prefiero a este ciudadano mal político.
Y digo que “votaría” por él porque no puedo votar. Estoy en Buenos Aires y mi cédula no está inscrita acá. Pero si logro convencer a uno, a sólo un lector o lectora para que vote por él, estaré tranquilo con mi conciencia electoral y volveré a mi Colombia tratando de ver nuevos ciudadanos, esos que respetan la cebra sin preguntar por qué hacerlo y que no se robarían el erario porque saben que esa platica es de todos.
Sí, votaría por Antanas Mockus para iniciar desde el gobierno el cambio cultural que nos permita entender que un campesino merece más atención que un mafioso y que esto quede escrito en un cuaderno y con un esfero para que no se nos olvide como sociedad. Por eso votaría por Mockus.
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